¡¡PEDON!!
El perdón bíblico, reflejado en mandatos como el de Efesios 4:32, no es un mero sentimiento pasajero, sino una decisión voluntaria y un acto de gracia que imita el sacrificio incondicional con el que Dios nos perdonó a través de Cristo, liberando nuestro propio corazón del peso del rencor y abriendo la puerta a la paz y a la restauración de las relaciones.
